Hay puertas que no se abren, que están cerradas
siempre,
lo mismo que esos puños de acero, como rocas,
que van directamente a las entrañas rotas
de un ser debilitado, hambriento hasta los dientes.
Lo mismo que esos ojos cerrados, como vientres,
hay noches sin mañanas, oscuras como bocas,
que engullen esperanzas al paso de unas botas
robadas a los cuerpos que arrastra la corriente.
Hay luces que se apagan del todo, para siempre,
igual que la belleza sucumbe en esta alcoba
inhóspita del caos, donde la vida es tenue.
Lo mismo que un viejo árbol que aguarda su
derrota
en el hacha homicida, hay quien se rinde a muerte
sin buscar la otra orilla del mar... ¿Ves las
gaviotas?
Mª Antonia Gutiérrez Huete
2 comentarios:
Hay que verlas y seguirlas , imitarlas y hasta superarlas.
Rendirse sólo en el último instante. Nunca antes.
Maravilloso soneto.
besos
Yo diría que la mayor parte de las personas se rinden antes de que toque la quilla de nuestra barca en la otra orilla, hay quien atraviesa el océano solo por su superficie azul, teniendo pavor por explorar las profundidades de ese océano inmenso que es la vida. Vivir es sumergirse y conocer intensamente ese abismo azul del Ser.
Publicar un comentario en la entrada